Los
hechos que están aconteciendo en Ferguson (Missouri) y que se ha ido
extendiendo a muchas otras ciudades de Estados Unidos me hace recordar lo que todavía
nos queda por avanzar con lo que respecta al racismo y la xenofobia.
Justo
ahora que se cumple un año de la muerte de Nelson Mandela, uno de los
hombres que más lucho por la igualdad entre
blancos y negros, brota de nuevo y se hace latente y no solo en Estados Unidos
sino en multitud de países incluidos España. Este gran problema sobretodo
aparece por la ignorancia que poseen gran porcentaje de la población, el
desconocimiento de culturas y costumbres ajenas. Pero aquí hay una cosa que no
está clara nunca y donde se confunden los términos. Este racismo más que
racismo es xenofobia, el miedo a lo extraño a lo diferente. Si nos paramos a
pensar o si preguntamos a alguien que se considera racista, si realmente le
molesta el color o los rasgos faciales de un individuo, lo más seguro que se
quede sorprendido diciendo que lo que le molesta es que no se adaptan, que
tienen costumbres "raras", etc.
Y
de allí nos vamos al segundo aspecto, el económico. Como sucede actualmente en
España que los ciudadanos nacionales están sin trabajo, sin ingreso, sin ayuda,
mientras a los ciudadanos de fuera, a lo mejor incluso ilegales, se les otorgan
ayudas y se les da trabajo pero por mucho menos salario, que por eso son
preferidos por los empleadores quienes además, no les dan de alta, no les hacen
cotizar, entonces se produce el fenómeno "racismo" que en realidad no
lo es por raza, sino por aspectos económicos.
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